UN BOXEADOR SONADO
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Como ángeles caídos
se difuminan los recuerdos
entre la anestesia del cristal.
Aunque estas heridas no cierran jamás,
siempre están de guardia
como una farmacia del desconsuelo,
el reloj continúa implacable, tenaz y solidario.
Lo malo de tener que olvidar
es la necesaria injusticia
de meter en un mismo saco
agravios y parabienes
abandonos y reconocimientos
lágrimas y besos
esperas y entregas
insultos y piropos
engaños y fidelidades
noches sin sueño y noches de ensueño.
No hay mal más enorme
que el mal menor
es como matar mosquitos a balazos
como tapar con un cabello el arco iris
o como callar al corazón con el silencio.
Clavo mi mirada en lo que resta del día
y desclavo las hieles que restan mi alma
a golpe de poemas
a golpe de sensatez
a golpe de necesidad
a golpe de voluntad…
…demasiados golpes
para un boxeador sonado y sin vocación.